
Introducción
Este artículo reúne reflexiones y registros a partir del cierre del primer grupo de Hackerclubes en Sumaré, un momento que marcó no solo la finalización de un ciclo de aprendizaje, sino también la consolidación de una experiencia colectiva construida a lo largo del semestre.
Desde la perspectiva del equipo y de las vivencias en el territorio, la experiencia evidencia la importancia de pensar el cierre no como un punto final, sino como un momento estratégico de reconocimiento, sistematización y celebración de las conquistas de los estudiantes.
En los relatos que siguen, de la coordinación y de las profesoras, es posible acceder a diferentes miradas sobre ese proceso: los desafíos enfrentados, los aprendizajes construidos y el significado de acompañar de cerca el desarrollo del primer grupo del proyecto.
Relato de Amanda Santos, gestora del proyecto.

La gestora de proyectos, Amanda, está de pie hablando ante un micrófono.
Estar en el Hackerclube en Sumaré, acompañando el cierre del primer grupo del proyecto, fue un momento marcante, no solo por la potencia de los proyectos presentados, sino principalmente por el significado de celebrar cada conquista de los estudiantes.
Desde el punto de vista de la gestión, esa experiencia refuerza cuán fundamental es organizar, intencionalmente, momentos de reconocimiento. La ceremonia de cierre no es apenas un evento simbólico: materializa un ciclo de aprendizaje, evidencia el recorrido de los estudiantes y da visibilidad al esfuerzo colectivo involucrado. Como se observa en el propio guion de la ceremonia, cada etapa, de las presentaciones de los proyectos a la certificación, fue pensada para valorizar el protagonismo de los alumnos y el proceso construido a lo largo del semestre.
Tradicionalmente, la gestión se asocia al seguimiento de resultados. Y, de hecho, mirar indicadores, entregas e impactos es parte esencial del trabajo. Sin embargo, estar en ese proceso en Sumaré reafirma una comprensión más amplia: gestionar es, sobre todo, crear condiciones para que las cosas ocurran. Es garantizar que los procesos estén bien estructurados, que las personas involucradas tengan soporte y que las experiencias vividas por los estudiantes sean significativas y positivas.
En ese sentido, celebrar las conquistas no es un detalle: es parte central de la estrategia. Cuando reconocemos el esfuerzo de los estudiantes, damos sentido al recorrido, fortalecemos vínculos y mostramos, de forma concreta, que cada etapa valió la pena. La entrega de medallas, la presentación de los proyectos y la certificación son dispositivos importantes para construir esa valorización colectiva.
Más que eso, esos momentos ayudan a comunicar algo esencial: la importancia del empeño de cada estudiante. Al hacer visible lo que fue construido —ideas, prototipos, soluciones— conseguimos demostrar que el aprendizaje va más allá del contenido técnico; involucra dedicación, colaboración, creatividad y persistencia.
La experiencia en el Hackerclubes Sumaré nos muestra que una gestión comprometida no se limita a organizar actividades, sino que se dedica a diseñar experiencias que tengan sentido para quien participa. Y eso pasa, necesariamente, por reconocer trayectorias, valorizar conquistas y celebrar, juntos, cada avance.
Relato de Aliene Villaça, coordinación del proyecto.

Aliene Villaça, de pie, hablando ante el micrófono. Sonríe mientras habla.
La construcción del Hackerclubes involucra múltiples desafíos. Hay que organizar los grupos, preparar a las educadoras, desarrollar una propuesta pedagógica que dialogue con la realidad de los estudiantes, atienda a las directrices de la Casa Hacker y, al mismo tiempo, responda a las expectativas de los financiadores. Como síntesis de ese recorrido formativo, los estudiantes desarrollan, en grupos, un Producto Mínimo Viable (PMV), integrando conocimientos de modelado e impresión 3D, programación y electrónica para responder a una demanda de la comunidad, en diálogo con uno o más Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) propuestos por la ONU. Ese proceso exige comprender la realidad del territorio, trabajar de forma colaborativa y transformar ideas en soluciones concretas.
Desde el punto de vista de la coordinación pedagógica, la graduación representa mucho más que el cierre de un grupo. Constituye un momento de sistematización de los aprendizajes y de valorización del recorrido construido a lo largo del semestre. Corresponde a la coordinación crear condiciones para que los estudiantes puedan compartir sus producciones con seguridad, reconociendo el camino recorrido y el desarrollo alcanzado durante el proyecto.
En ese sentido, la organización de la ceremonia exige una planificación cuidadosa, construida en diálogo permanente con las educadoras. Más que definir una programación, ese proceso busca estructurar una experiencia coherente con los principios pedagógicos del Hackerclubes, en que el protagonismo estudiantil, la colaboración y la valorización de los aprendizajes estén presentes en cada etapa.
En esta edición optamos por experimentar una nueva dinámica. Además de la presentación de los proyectos, los propios estudiantes pasaron a formular preguntas a sus compañeros, ampliando el diálogo entre los grupos y estimulando la reflexión sobre las soluciones desarrolladas. Los proyectos también fueron evaluados por un jurado, que consideró criterios como claridad de la propuesta, dominio del contenido, creatividad y capacidad de responder a los cuestionamientos. Al final, uno de los grupos recibió un trofeo en reconocimiento al trabajo colectivo y a la calidad de la solución presentada.
La experiencia demostró que es posible incorporar elementos de evaluación y reconocimiento sin transformar ese momento en una disputa entre los participantes. Al contrario, el formato favoreció un ambiente de respeto y valorización mutua, en el cual todos pudieron percibir la relevancia de las diferentes propuestas presentadas, comprendiendo la premiación como el reconocimiento de un recorrido destacado, y no como la desvalorización de los demás.
Esa experiencia también reafirma un aprendizaje importante para la coordinación pedagógica: no existen modelos únicos para conducir el cierre de un grupo. Cada grupo posee características propias, y son las vivencias de las educadoras a lo largo del semestre las que orientan la construcción de las estrategias más adecuadas para aquel contexto. Por eso, en el Hackerclubes, las decisiones se construyen colectivamente, fortaleciendo el sentimiento de pertenencia entre todos los involucrados y garantizando que la graduación sea, de hecho, la celebración de una trayectoria compartida.

Relato de las profesoras Pamela Moraes y Patrícia Polzl
Como educadoras, la ceremonia de graduación de los grupos es más que la conclusión de un proyecto finalizado: es la valorización de un largo proceso de trabajo tanto nuestro como de los alumnos. Al acompañar el desarrollo de cada uno de los estudiantes desde su llegada al HackerClube, vamos, poco a poco, conociendo a cada uno de ellos: su personalidad, sus conocimientos, sus experiencias de vida. Con eso, fortalecemos nuestras relaciones como grupo y creamos una red de afectos que es fundamental para el aprendizaje, y que nos lleva hasta este momento tan especial de cierre de una etapa.
La graduación en sí es un momento de grandes expectativas: es el momento en que los alumnos muestran sus realizaciones a sus padres e invitados, además de tener su trabajo reconocido en la ceremonia. Por más que nosotras, como educadoras, entendamos que el resultado final de los proyectos es tan importante como la trayectoria de aprendizaje, también comprendemos que es importante que en este momento de ceremonia ellos estén apropiados del asunto de su proyecto y se sientan orgullosos de lo que hicieron. Es con el reconocimiento y la valorización de las trayectorias de esos jóvenes que los incentivamos a seguir creyendo en sus propias capacidades de construir sus futuros.
Para eso, trazamos muchas estrategias pedagógicas y metodológicas. Además de garantizar que todos los grupos tengan sus proyectos iniciales concluidos materialmente, trabajamos habilidades relacionadas con hablar en público, organización del tiempo, trabajo en grupo, liderazgo, escucha y comunicación. Proporcionamos desde las primeras clases situaciones en que tales habilidades son necesarias en mayor o menor grado, siempre de forma liviana y asertiva, que se van sumando hasta el final, donde percibimos avances significativos en el modo en que los alumnos interactúan entre sí y consiguen articular sus propias ideas y formas de expresarse.
En la graduación, el momento de presentación de los proyectos ante el jurado y los invitados es siempre muy emocionante, porque aunque hayamos acompañado de cerca las trayectorias de cada uno, aun así siempre somos sorprendidas positivamente por el modo en que los alumnos se apropian de sus trabajos y los presentan.
Este año, incluso con pocos ensayos y un tiempo corto de elaboración de los proyectos, todos los estudiantes se mostraron listos para hablar sobre sus ideas y para mostrar lo que aprendieron sobre los contenidos STEAM que enseñamos durante el semestre. Además, las presentaciones contaron con una dinámica de preguntas y respuestas entre los grupos, lo que hizo que los alumnos tuvieran que saber no solo de su proyecto sino de los otros del grupo, fortaleciendo aún más el colectivo e incentivando que los padres y familiares también participaran de las presentaciones preguntando y demostrando su orgullo por el desarrollo de sus hijos.
Especificidades del grupo
Aun con el tiempo reducido, hubo una gran aproximación con el grupo. Las cuestiones propias de un grupo mixto, con adolescentes de clases diferentes y la convivencia cercana con cuestiones personales de los alumnos y del ambiente escolar, fueron diversas. En esa dinámica nos acercamos a los alumnos, con interacciones más allá del aula: entendimos lo que buscan para sus vidas y pudimos dar apoyo en ese proceso. Algunos alumnos mostraron interés en continuar los estudios en el área de tecnología, sea en la educación superior o a través de cursos libres.
Otra cuestión es que las clases, por la infraestructura de la escuela, se desarrollaron en el espacio de la biblioteca. El ambiente propició conversaciones sobre libros, lo que acabó por incentivar, también, la lectura entre los jóvenes del grupo. Esa búsqueda conjunta en diversos frentes mostró el impacto que la presencia del proyecto desarrollado por la Casa Hacker tiene en la vida más allá de la enseñanza de tecnología, apoyando el estudio en otras áreas. También es posible percibir nuestro impacto en la dinámica general de la escuela, con el contacto con el personal del espacio, los intercambios que tuvimos al estar presentes en el ambiente escolar y las transformaciones por las que pasó el espacio de la biblioteca, con un mantenimiento constante para posibilitar el uso de los alumnos del curso pero, también, el uso de toda la comunidad escolar.
Todo ese proceso culminó en la graduación, un momento de fiesta y distensión con los jóvenes y sus familias. Pudimos conversar con los familiares en ese espacio y entender el impacto en la educación, en la autoestima y en el desarrollo personal de los jóvenes. Al mismo tiempo, ellos pudieron mostrar a sus familiares, con orgullo, lo que aprendieron y cómo desarrollaron sus ideas en el proceso. Fue un acontecimiento muy emocionante y recompensador; la sensación de orgullo intenso por el desarrollo educativo y personal de los alumnos es inconmensurable.
Cada grupo tiene sus especificidades, sea por los alumnos o por el momento que atraviesa la escuela, pero entramos en este próximo ciclo del Hackerclubes con la certeza de que la enseñanza de tecnología para jóvenes tiene un profundo poder transformador en todas las esferas de la vida. Seguimos ansiosas por el próximo ciclo de enseñanza y aprendizaje.
