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Educación STEAMen español

Hackathon en Nova Odessa: cuando una idea empieza a tomar forma

Los estudiantes transforman conocimientos tecnológicos en proyectos que parten de problemas reales y revelan aprendizajes sobre creación, persistencia y trabajo en equipo.

Ocian Junior

Educador · Hackerclubes

publicado 5 de octubre de 2026tiempo de lectura ~9 min
Estudiantes trabajan en diferentes actividades en un aula equipada con computadoras e impresoras 3D, explorando herramientas y posibilidades de creación tecnológica.

Septiembre fue un mes diferente en Nova Odessa.

Después de meses trabajando diferentes tecnologías, herramientas y conceptos, llegó el momento de poner los conocimientos en práctica y empezar a desarrollar los proyectos finales del Hackathon.

La propuesta era sencilla de explicar, pero mucho más difícil de ejecutar: cada grupo debía partir de un problema o de una necesidad, pensar en una solución, construir un MVP y presentar cómo esa idea podría funcionar en el mundo real.

Solo que, cuando empezamos a plasmar las ideas en papel, nos dimos cuenta de que el Hackathon sería mucho más que montar circuitos, programar Arduino, modelar piezas en 3D o preparar una presentación.

Sería también un ejercicio de persistencia.

Educador acompaña a un estudiante durante una actividad de creación digital en una laptop. En la pantalla, aparecen elementos gráficos desarrollados en un programa de edición.

De la idea al proyecto

Cada grupo comenzó a desarrollar su propio proyecto, utilizando diferentes conocimientos que se trabajaron durante las clases.

La propuesta era que no construyeran algo solo porque parecía interesante; era necesario entender qué problema pretendía solucionar el proyecto, para quién sería útil y por qué esa solución tendría sentido.

Por eso, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) también pasaron a formar parte del proceso. Los estudiantes necesitaron relacionar sus ideas con cuestiones reales de la sociedad y entender que la tecnología se puede utilizar para mucho más que crear un producto. Se puede utilizar para observar un problema, pensar en una solución e intentar mejorar una realidad.

Y fue precisamente ahí donde empezaron a aparecer las primeras dificultades. Una cosa es imaginar un proyecto funcionando. Otra completamente distinta es descubrir cómo hacer que eso funcione de verdad.

Clima Safe: observando los problemas de la propia ciudad

El primer grupo desarrolló Clima Safe, con la propuesta de construir una estación meteorológica en formato de MVP.

La idea surgió de una preocupación muy cercana a la realidad de las propias estudiantes: el cambio climático y los períodos de tormentas y temperaturas muy elevadas.

En lugar de buscar un problema distante, miraron aquello que ocurre en su propio municipio y empezaron a pensar en cómo la tecnología podría ayudar a monitorear estas condiciones.

El proyecto utiliza módulos y sensores para recopilar información y transformar estos datos en información que pueda ser seguida.

Lo más interesante de este proyecto fue precisamente el origen de la idea. No empezaron pensando en qué tecnología querían utilizar, sino que comenzaron pensando en un problema que realmente ocurre.

A partir de eso, surgió la pregunta: “¿Qué podemos construir para intentar ayudar?”. Esa pregunta terminó llevando al grupo hacia los sensores, la programación, el montaje, el modelado y toda la parte necesaria para transformar la idea inicial en un MVP.

Estudiantes trabajan en diferentes actividades en un aula equipada con computadoras e impresoras 3D, explorando herramientas y posibilidades de creación tecnológica.

EnerStep: cuando una idea necesita salir del papel

El segundo grupo creó EnerStep, un proyecto enfocado en la generación de energía sostenible a través de la presión ejercida sobre los pisos.

La idea surgió de una situación bastante sencilla: observar la cantidad de personas que circulan por los pasillos de una escuela. El grupo llegó a medir los pasillos y comenzó a hacer estimaciones considerando la cantidad de niños que transitan por esos espacios. A partir de ello surgió la posibilidad de utilizar la presión ejercida por los pasos para generar energía.

La idea llamó la atención precisamente porque comenzó con algo que pueden observar en su vida cotidiana.

Pero entonces apareció una de las mayores dificultades de todo Hackathon: ¿cómo transformar una idea que parece funcionar en la cabeza en algo que realmente se pueda construir?

A partir del cuestionamiento, surgieron las discusiones sobre materiales, funcionamiento, montaje, generación de energía y limitaciones del propio prototipo.

El proyecto sigue siendo un MVP, pero ese es precisamente uno de los objetivos del proceso. No siempre el primer prototipo va a funcionar como imaginamos. A veces es necesario cambiar una pieza, probar otra solución, rehacer una parte o simplemente descubrir que una determinada idea necesita ser modificada. Y aprender eso también forma parte del proyecto.

EcoLanches: reciclaje, alimentación y cuidado

El tercer grupo desarrolló EcoLanches, una propuesta que comenzó a partir de una preocupación por los animales en situación de calle y también por las personas en situación de vulnerabilidad social.

La idea utiliza botellas de PET como parte de un sistema de créditos. La persona podría llevar una cantidad determinada de material reciclable y, a partir de ese volumen, recibir créditos que podrían utilizarse para canjear un refrigerio natural en refrigeradores distribuidos por la ciudad.

Pero el proyecto no se detiene ahí.

El material reciclable también podría regresar al propio sistema. Las botellas de PET podrían transformarse en filamento para impresión 3D, haciendo posible la producción de objetos como refugios para perros en situación de calle. De esta manera, una botella que normalmente sería desechada podría pasar por diferentes etapas y volver a la comunidad en forma de nuevos productos.

La propuesta reúne diferentes cuestiones en un mismo proyecto: reciclaje, alimentación, tecnología, impresión 3D y cuidado de animales y personas.

Y nuevamente apareció la pregunta que acompaña a todos los grupos: ¿cómo hacer que esto funcione de verdad? Al fin y al cabo, pensar en el sistema es una cosa, y definir cómo se recolectarían las botellas, se procesarían, se transformarían en filamento, se utilizarían en la impresión 3D y se integrarían con el resto de la propuesta es otra completamente diferente.

Es precisamente en ese espacio entre la idea y la ejecución donde ocurre el aprendizaje.

Estudiantes observan el funcionamiento de una impresora 3D durante una actividad práctica de experimentación tecnológica.

Un proyecto sobre emociones

El cuarto grupo decidió trabajar en un tema aún más cercano a las personas: la salud emocional.

La propuesta surgió a partir de la preocupación por las crisis de ansiedad y por la dificultad que muchas personas tienen para percibir sus propios momentos de mayor tensión.

La idea del proyecto es desarrollar una solución capaz de identificar alteraciones que puedan indicar momentos de mayor ansiedad, permitiendo que la persona note estos picos y, a partir de ello, pueda buscar ayuda o simplemente reconocer que tal vez sea hora de tomar una pausa.

Nuevamente, el objetivo no es presentar un producto médico terminado. Es un MVP. Un primer modelo para estudiar la idea, probar posibilidades y entender qué tecnologías se podrían utilizar para transformar este concepto en algo funcional.

Este proyecto también trajo discusiones importantes al aula, ya que hablar de tecnología también significa hablar de personas.

El Hackathon también trata de aprender a lidiar con la frustración

Durante el desarrollo de los proyectos, surgieron problemas que forman parte de cualquier proceso de creación. Modelados que no quedaron como se esperaba, códigos que presentaron errores, piezas que necesitaron ser rehechas, componentes que no funcionaron en el primer intento, impresiones 3D que salieron mal, piezas que la propia impresora dejó de imprimir correctamente. Y, principalmente, la necesidad de tener paciencia.

A veces el estudiante pasa bastante tiempo trabajando en una pieza y, después de horas de impresión, descubre que no quedó bien. En otros momentos, el código parece estar correcto, pero el proyecto no funciona. También existen situaciones en las que una idea parece excelente al principio y, durante la construcción, nos damos cuenta de que necesita ser modificada. Esto genera frustración, y es normal.

El desafío del educador, en este momento, no es simplemente decir qué línea de código se debe alterar o qué pieza se necesita imprimir de nuevo. Es ayudar al estudiante a entender que equivocarse durante el desarrollo no significa que el proyecto haya salido mal. Significa que estamos descubriendo cómo hacerlo funcionar.

No siempre el desafío es técnico

Durante este proceso, también nos encontramos con una realidad que no aparece cuando miramos únicamente el proyecto final.

Los estudiantes llegan al aula trayendo sus propias historias. Problemas familiares, preocupaciones, inseguridades, dificultades emocionales y situaciones que muchas veces van más allá de lo que estamos trabajando técnicamente en ese día.

Por eso, ser educador en este proceso significa también saber percibir cuando un estudiante no tiene simplemente una dificultad con una actividad. A veces hay algo sucediendo fuera del aula que interfiere directamente en la concentración, en la paciencia, en la disposición para trabajar en grupo o incluso en la capacidad de lidiar con una pequeña frustración.

Esto no significa que el educador tenga que resolver todos esos problemas. Pero significa que necesitamos comprender que estamos trabajando con personas antes de trabajar con tecnología. En algunos momentos es necesario parar, conversar, escuchar y reorganizar la actividad. Después, volvemos al código, al modelado, al circuito y al proyecto. Esta también es una parte importante del proceso educativo.

La recta final

Ahora estamos llegando a la recta final. Y hay una sensación que aparece cada vez más en los grupos: ¿lograremos terminar?

Los días se hacen más cortos, los proyectos necesitan más ajustes. Algunas piezas deben ser rehechas, los códigos deben ser probados. Los prototipos necesitan ser montados, las presentaciones deben ser preparadas.

Y aquella idea que parecía tan sencilla hace unas pocas semanas ahora muestra toda su complejidad. Pero tal vez esa sea precisamente una de las mayores enseñanzas del Hackathon. Un proyecto no nace terminado. Comienza como una idea, pasa por dudas, errores, intentos, cambios, frustraciones y nuevos intentos hasta empezar a tomar forma. Y es en ese proceso donde los estudiantes se dan cuenta de que son capaces de construir algo que antes existía solo en la imaginación.

Nuestro papel, en ese momento, también es recordárselo. Cuando aparece el “no va a salir bien”, surge la pregunta: ¿qué necesitamos hacer para intentarlo de nuevo? Cuando una pieza se rompe: ¿qué podemos cambiar? Cuando el código presenta un error: vamos a descubrir dónde está el problema. Cuando el plazo parece corto: vamos a organizar lo que aún falta.

Aún no sabemos exactamente cómo estará cada proyecto al final. Y tal vez esa sea una de las partes más interesantes de todo este proceso. Porque todavía estamos construyendo.

Pero una cosa ya sucedió. Las ideas dejaron de estar solo en la cabeza de los estudiantes y empezaron a tomar forma a través de códigos, sensores, componentes electrónicos, piezas impresas en 3D, cálculos, investigaciones, discusiones y mucho trabajo en equipo.

Ahora es la recta final. Todavía hay dudas. Todavía hay dificultades. Todavía hay mucho por hacer. Pero ellos son capaces. Y seguiremos trabajando para que cada grupo logre mirar su propio proyecto al final y percibir que aquello comenzó solo como una idea.

Y que fueron ellos quienes hicieron que esa idea empezara a existir.

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JUNIOR, Ocian. Hackathon en Nova Odessa: cuando una idea empieza a tomar forma. Campinas: Associação Casa Hacker, 2026. Disponível em: https://casahacker.org/es/publicacoes/hackathon-em-nova-odessa-quando-uma-ideia-comeca-a-ganhar-forma-es/. Acesso em: 5 nov. 2026.

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