
Participantes de Cinema na Quebrada durante la producción del cortometraje A Limbosa.
El cortometraje A Limbosa aún no ha llegado a los créditos finales. Las escenas se han grabado casi por completo, pero todavía falta concluir un rodaje y realizar la edición. Aun así, antes de convertirse en una película lista para su proyección, la producción ya cumplió una función importante: puso cámaras, guion, dirección y actuación en manos de los habitantes de Campo Grande.
Esta experiencia comenzó con el proyecto Cinema na Quebrada: Criando e Compartilhando Narrativas Locais, realizado por la Sociedade Cultural Art Asas con el apoyo de Fundo da Quebrada, dentro del programa Quebrada em Movimento.
La propuesta era crear un taller de iniciación al cine para personas a partir de los 12 años, estimulando la creatividad, la producción cultural independiente y la construcción de narrativas vinculadas al territorio. Durante su ejecución, diez participantes pasaron por 11 clases teóricas y prácticas y asumieron diferentes funciones en la creación de un cortometraje.
Más allá de ver películas o conocer conceptos, fueron invitados a experimentar el cine desde adentro.
Aprender cine haciendo cine
Art Asas ya contaba con experiencia en teatro y en la producción del cortometraje A Pedra, realizado anteriormente con el incentivo de la Lei Paulo Gustavo. Cinema na Quebrada, sin embargo, trajo un nuevo desafío: transformar ese conocimiento en una formación estructurada y compartirlo con otras personas.
Las clases abordaron la historia del cine, la evolución de las cámaras, la creación y escritura de guiones, la actuación, la dirección, el vestuario, el maquillaje y la operación de equipos. Tras la parte teórica, los participantes pudieron aplicar los contenidos en la producción de una obra creada por ellos mismos.
“Aprendieron a filmar, dirigir, actuar y escribir guiones. Aprendieron sobre vestuario, maquillaje, historia del cine y la evolución de las cámaras.”
— Édio Vitorino Dambroski, de Art Asas
La propuesta no era formar únicamente actores o actrices. Los participantes conocieron las distintas funciones existentes en una producción audiovisual y asumieron responsabilidades reales durante todo el proceso.
El cortometraje A Limbosa fue escrito, interpretado, dirigido y grabado por los propios alumnos, con el acompañamiento del equipo de Art Asas. Las actividades transformaron calles, casas y otros espacios del territorio en sets de rodaje, demostrando que una producción cinematográfica también puede nacer a partir de las historias, los recursos y los paisajes existentes en la propia comunidad.

Participantes durante las clases de historia del cine, guion, actuación y manejo de cámaras.
Cuando los alumnos asumen la producción
Uno de los principales resultados del proyecto fue la autonomía demostrada por los participantes durante las grabaciones. Con poco tiempo de formación, pasaron a ocupar puestos que, antes del taller, podían parecer lejanos a su realidad.
Una de las participantes asumió la dirección del cortometraje y condujo las escenas realizadas en los espacios exteriores del barrio. En uno de esos momentos, al explicarle a una persona que acompañaba el movimiento que el grupo estaba produciendo una película, se emocionó al hablar sobre el trabajo y sobre todo lo que habían aprendido.
“Vi que se emocionó mucho al comentar sobre la producción de la película, sobre el trabajo y sobre lo que aprendieron aquí.”
— Édio Vitorino Dambroski
El episodio revela algo que no aparece meramente en las cifras del proyecto. Producir una película significaba poder mirar el propio trabajo y reconocer que esas personas no solo estaban asistiendo a una clase: estaban construyendo una obra propia.
Las evaluaciones realizadas durante el curso también mostraron una buena asimilación de los contenidos. Según el informe técnico, todos los participantes obtuvieron resultados positivos en las actividades teóricas, mientras que las grabaciones evidenciaron su capacidad para actuar, dirigir y operar los equipos.

Detrás de escena de las grabaciones realizadas por los participantes de Cinema na Quebrada.
Los cambios entre la planificación y la ejecución
Como ocurre en muchos primeros proyectos, la planificación tuvo que adaptarse a lo largo del camino.
La intención inicial era concentrar las actividades en un solo espacio. Se llegaron a impartir dos clases en el CEU Mestre Alceu, pero la dificultad para conciliar la disponibilidad del equipamiento público con la agenda de los participantes obligó a realizar un cambio. Las demás actividades se trasladaron al espacio propio de Art Asas.
También surgieron dificultades relacionadas con los equipos. La persona que inicialmente iba a proporcionar parte del material de grabación necesitó venderlo por motivos de salud. Para que los rodajes pudieran continuar, el equipo adquirió con recursos propios un objetivo compatible con una cámara que ya poseía.
Poner los equipos en manos de los participantes también exigió confianza y preparación. Antes de comenzar las grabaciones, el equipo tuvo que enseñar los cuidados necesarios para que las cámaras se utilizaran con responsabilidad. El recelo inicial dio paso a la percepción de que los alumnos eran capaces de aplicar lo que habían aprendido.
Estas adaptaciones formaron parte de la experiencia de transformar una propuesta escrita en una acción concreta, conciliando espacio, agenda, equipos, alimentación, seguimiento de los participantes y producción audiovisual.
Una película que todavía debe terminarse
El proyecto contemplaba que el proceso formativo concluyera con la finalización y la proyección del cortometraje. La película también se difundiría en redes sociales, ampliando el alcance de la iniciativa más allá de los participantes de los talleres.
Esta etapa aún no se ha alcanzado.
En el informe técnico, elaborado al finalizar el periodo de ejecución, A Limbosa figuraba en proceso de producción, con previsión de estreno posterior. En la entrevista realizada después, el equipo explicó que todavía faltaba grabar una escena y hacer el montaje.
Puesto que la propuesta consistía en que los propios alumnos lideraran la producción, la interrupción de la participación de una parte del grupo también frenó el avance de la película. Algunas decisiones y escenas dependían de la presencia de los participantes, y los problemas personales terminaron dificultando la continuidad.
El equipo de Art Asas evalúa la posibilidad de convocar a otras personas para completar el elenco y finalizar la obra. Al mismo tiempo, reconoce que la experiencia dejó aprendizajes sobre cómo enfocar una futura formación.
“Si tuviera que hacerlo hoy, asumiría la dirección general para ofrecer un mayor apoyo y ayudar a los alumnos a concretar la película.”
— Édio Vitorino Dambroski
Esta valoración no le quita a los participantes el protagonismo sobre la creación. Señala la necesidad de equilibrar la autonomía y el acompañamiento, garantizando que los alumnos ocupen los roles de una producción cinematográfica sin quedarse solos ante las dificultades que puedan impedir la conclusión de la obra.
Los resultados que existen antes de la película terminada
El hecho de que el cortometraje aún no esté concluido impide dar por cumplidos algunos de los resultados previstos. La función pública de proyección no se llevó a cabo y el público indirecto estimado, al que se llegaría mediante la difusión de la película en redes sociales, todavía no ha sido movilizado.
Por otro lado, el proyecto impartió 11 clases, benefició directamente a diez participantes y posibilitó una experiencia práctica de creación audiovisual. Los alumnos estudiaron, escribieron, actuaron, dirigieron y operaron los equipos durante la producción de una obra construida colectivamente.
Otro resultado fue la sistematización de un formato de taller que puede perfeccionarse y replicarse en otros lugares. Antes de Cinema na Quebrada, el equipo de Art Asas no había impartido una formación de cine específica con esta estructura. Tras la experiencia, comenzaron a surgir conversaciones y propuestas para llevar el curso a otros territorios y organizaciones.
El primer taller ayudó al equipo a comprender mejor el tiempo necesario para una producción, los riesgos de depender de la disponibilidad de todo el elenco y la importancia de establecer una coordinación general capaz de acompañar la película hasta su conclusión.
De este modo, el aprendizaje no quedó restringido a los alumnos. La propia Art Asas salió del proyecto con un repertorio más amplio para planificar, enseñar y dirigir futuras formaciones audiovisuales.
El recurso como posibilidad de experimentación
Cinema na Quebrada recibió R$ 2.500 de Fundo da Quebrada. El apoyo se destinó a sufragar la facilitación de los talleres, el transporte, la alimentación, la edición y la creación de la identidad visual y de los materiales de difusión.
Durante la ejecución, algunos gastos tuvieron que ajustarse. La alimentación prevista no alcanzó para todos los encuentros y grabaciones, se perdieron algunos comprobantes y la compra del objetivo necesario para continuar la producción no formaba parte del presupuesto original, por lo que se completó con recursos propios.
Gestionar el fondo y la rendición de cuentas fue señalado por el equipo como una de las partes más desafiantes de la experiencia. El acompañamiento de Casa Hacker y Quebrada em Movimento resultó clave para resolver dudas y aportar mayor seguridad durante la ejecución.
En este sentido, el recurso no sirvió únicamente para pagar gastos. Permitió que Art Asas probara una nueva propuesta, estructurara su primer taller de cine y descubriera en la práctica qué aspectos debían mantenerse o modificarse en una próxima edición.
De Fundo da Quebrada al Fondo de Ciudadanía Activa
La experiencia de Fundo da Quebrada continúa actualmente a través del Fondo de Ciudadanía Activa, cuyos proyectos seleccionados en 2026 se encuentran en fase de ejecución.
La continuidad de esta estrategia refuerza la importancia de combinar apoyo financiero, formación y acompañamiento. La vivencia de Cinema na Quebrada demuestra que desarrollar una iniciativa comunitaria implica también lidiar con imprevistos, replantear decisiones, reconocer lo que no se pudo concluir y transformar esas dificultades en conocimiento para los próximos proyectos.
El cortometraje A Limbosa aún debe finalizarse. Pero las personas que participaron en el proceso ya conocieron distintas etapas del quehacer cinematográfico y experimentaron la posibilidad de contar una historia con sus propias palabras, cuerpos, imágenes y territorios.
Incluso antes de los créditos finales, Cinema na Quebrada ha puesto algo importante en movimiento: la percepción de que los vecinos no tienen por qué limitarse a aparecer frente a las cámaras. También pueden escribir, dirigir y producir las narrativas que desean ver en las pantallas.
