Cómo la formación, la mentoría y el acceso a recursos ayudaron a una iniciativa del territorio a salir del papel
*Gabriela Buck, creadora del proyecto Autoconhecimento Feminino y Celso Niger, asesor de impacto social de Hub Quebrada em Movimento.*texto
Cuando Gabriela Buck inscribió el proyecto Autoconhecimento Feminino en Fundo da Quebrada, la aprobación no le parecía algo obvio. Era la primera vez que ponía en práctica una propuesta propia, con recursos y responsabilidad de ejecución.
“No creía que el proyecto fuera a ser aprobado de inmediato. Cuando lo aprobaron, fue un poco increíble: ‘Vaya, ¿de verdad está pasando esto?’”
— Gabi Buck
La propuesta nació de cuestiones cercanas a su realidad y a la de otras mujeres de la periferia. La idea era crear un espacio de conversación sobre autoestima, autocuidado, maternidad, vida profesional, salud íntima y autonomía, conectando estos temas con actividades artesanales que también pudieran abrir posibilidades de generación de ingresos.
Antes de ejecutar su iniciativa, Gabi participó en dos rutas de redacción y estructuración de proyectos y en el programa de mentorías, llevados a cabo dentro de Quebrada em Movimento. Este recorrido ayudó a transformar una idea construida a partir de la experiencia de vida en objetivos, actividades, presupuesto y estrategias posibles de ejecución.



Gabi durante las rutas de escritura y gestión de proyectos de Quebrada em Movimento.
Hablar de las mujeres desde la vida real
Autoconhecimento Feminino fue pensado especialmente para mujeres periféricas y madres, partiendo de situaciones que atraviesan su cotidianidad. La primera charla reunió a la terapeuta Karla Alessandra y a la médica Thais Dakini para conversar sobre la relación entre ser madre y profesional, el autocuidado, la salud de la mujer y los movimientos pélvicos.
Para Gabi, acercar estas discusiones también tenía un significado personal. Al hablar sobre la realidad de las mujeres a su alrededor, resume de forma directa una experiencia que atraviesa a muchas familias del territorio:
“Es lo que digo: la familia tradicional brasileña es una madre sola.”
— Gabi Buck
La frase surge de una reflexión sobre las mujeres que necesitan conciliar la maternidad, el trabajo, la autonomía financiera y el cuidado, asumiendo a menudo estas responsabilidades prácticamente solas. Gabi considera que fue un honor llevar este tema a un momento en el que las mujeres van ganando mayor espacio en el emprendimiento y fortaleciendo su autonomía. Para ella, crear un espacio de intercambio con las mujeres a su alrededor fue una de las partes más importantes de la experiencia.
La propuesta también contemplaba una dificultad concreta que enfrentan muchas madres: participar en una actividad sin tener con quién dejar a los hijos. Por eso, las mujeres podían llevar a los niños, quienes encontraban materiales de dibujo y otras posibilidades de participación mientras se desarrollaban las actividades.
Después de las charlas, el proyecto avanzaba hacia la práctica. Se realizaron talleres de producción de pulseras y collares de cuentas y de cestas de hilo de punto hechas en croché. La artesanía aparecía tanto como una experiencia terapéutica como una posibilidad de generación de ingresos.
Cuando el proyecto crece más allá del papel
La ejecución mostró rápidamente que el proyecto podía alcanzar dimensiones que no estaban totalmente previstas en la planificación inicial.
Estaba programada una charla, pero se realizaron dos. En el segundo encuentro, Karla Alessandra participó voluntariamente en una conversación sobre la ansiedad y estrategias para abordarla a partir de los cinco sentidos. También surgieron círculos de conversación, encuentros con niños y adolescentes y debates sobre educación, cultura, autoestima y proyecto de vida.
El público también sorprendió. Había solo 13 inscripciones previas para la primera actividad. Con la articulación realizada en el CRAS Satélite Íris 1 y la participación de alumnos de otros cursos que se impartían en el espacio, 48 personas estuvieron presentes en el primer encuentro. La segunda charla reunió a otras 38 personas y, considerando los demás talleres, el informe contabilizó 95 personas beneficiadas a lo largo del proyecto.
El cambio de escala ocurrió tan rápido que trajo desafíos muy concretos. Gabi había comprado comida considerando el número reducido de inscripciones y se vio sorprendida por la llegada de un público mucho mayor. El propio CRAS ayudó a resolver la situación proporcionando aperitivos para los asistentes. Es un episodio sencillo, pero que refleja una característica importante de esta primera experiencia: aprender a ejecutar un proyecto también significó aprender a responder a lo inesperado.
Aprender haciendo también forma parte del impacto
No todos los aprendizajes ocurren dentro de las charlas y los talleres. Para Gabi, llevar a cabo su primer proyecto también significó enfrentarse a aspectos de la gestión que todavía eran nuevos.
Encontrar un espacio fue una de las primeras dificultades. La intención era realizar las actividades más cerca del centro de la comunidad, pero, tras varios intentos y cambios de fecha, el proyecto encontró acogida en el CRAS Satélite Íris 1.
La organización documental, el uso de tecnología y la rendición de cuentas también aparecieron como desafíos durante la ejecución. Gabi reconoce que este proceso exigió aprendizaje y apoyo, pero valora que salió de la experiencia con más conocimiento y seguridad para afrontar estas responsabilidades.
Este recorrido muestra por qué la formación, la mentoría y el acceso a recursos deben ir de la mano. El apoyo no termina cuando se transfiere el dinero. La ejecución también se convierte en parte del proceso formativo, permitiendo que un liderazgo experimente la planificación, la comunicación, la movilización de público, el presupuesto y la rendición de cuentas en una situación real.
Una iniciativa que también transformó a su creadora
A lo largo del proyecto, Gabi comenzó a reconocer nuevas habilidades. En el taller de croché, por ejemplo, todas las participantes eran principiantes. La experiencia de dirigir la actividad hizo que se diera cuenta de algo que no estaba previsto en el plan inicial: el placer de enseñar.
Pero su trayectoria dentro de Quebrada em Movimento fue más allá del proyecto en sí. La participación en otras actividades culturales y formativas amplió sus repertorios y produjo cambios personales.
“No fue un aprendizaje solo para mi vida financiera. Fue un aprendizaje para mi vida personal, principalmente.”
— Gabi Buck
Ella relata que las experiencias relacionadas con el teatro la ayudaron a trabajar su timidez y su capacidad para posicionarse. También destaca el contacto con debates sobre derechos, género y antirracismo como parte de un proceso de concienciación que comenzó a influir en su forma de ver el territorio y las relaciones a su alrededor.
Este descubrimiento, sin embargo, convive con desafíos muy concretos. Como madre soltera, Gabi necesita conciliar el deseo de seguir trabajando en proyectos culturales con la necesidad de generar ingresos inmediatos y cuidar de su hija. Aunque describe la experiencia con los proyectos como una realización, cuenta que tuvo que apartarse temporalmente para priorizar actividades capaces de aportar un retorno financiero más rápido.
Esta realidad no disminuye los resultados de su trayectoria. Al contrario: revela por qué las iniciativas de formación y financiación deben tener en cuenta las condiciones reales de permanencia de las mujeres periféricas en el ámbito cultural y social.
Resultados que dejaron caminos abiertos
El proyecto movilizó a 95 personas, amplió las actividades previstas inicialmente y permitió a Gabi afrontar, en la práctica, los diferentes retos de la gestión de una iniciativa. El presupuesto contempló honorarios para las charlas, materiales de comunicación, alimentación, materiales para los talleres y equipos de apoyo. De los R$ 2.500 previstos, se ejecutaron R$ 2.499.
Más importante que la cifra de forma aislada es observar el camino creado a partir de ella. Una participante de procesos formativos logró elaborar su propia propuesta, acceder a recursos, ejecutar una primera experiencia y salir del proceso con más repertorio para llevar a cabo otras iniciativas.
Autoconhecimento Feminino tampoco terminó cuando el calendario llegó a su fin. Los materiales de los talleres siguieron utilizándose, se empezaron a organizar nuevos encuentros y Gabi llegó a ofrecer su propia casa para acercar las actividades al público.
Registros de las actividades realizadas por el proyecto Autoconhecimento Feminino.
De Fundo da Quebrada a Fundo de Cidadania Ativa
La experiencia que apoyó iniciativas como Autoconhecimento Feminino sigue avanzando. Fundo da Quebrada da hoy paso a Fundo de Cidadania Ativa, cuyos treinta proyectos seleccionados en la edición de 2026 se encuentran en fase de ejecución.
La continuidad refuerza una estrategia que va más allá de la apertura de una convocatoria: acercar la formación, el seguimiento y el acceso a recursos para que las personas que ya tienen ideas y actividad en el territorio logren transformarlas en iniciativas más estructuradas.
La historia de Gabi muestra lo que este camino puede producir. La primera aprobación vino acompañada de miedo, dudas y dificultades, pero también dejó conocimientos, nuevas habilidades, relaciones construidas en el territorio y mayor seguridad para transformar ideas en proyectos.
Si Autoconhecimento Feminino nació para fortalecer a otras mujeres, el recorrido también fortaleció a su creadora. Al crear espacios de conversación, aprendizaje y autonomía, Gabi reconoció en sí misma la capacidad de planificar, enseñar, movilizar a personas y dirigir una iniciativa propia.
El primer proyecto llegó a su fin, pero aquello que lo puso en marcha permanece. De algún modo, el nombre de la iniciativa también resume la trayectoria de Gabi: el autoconocimiento se convirtió en un camino posible hacia la autonomía.
