Este texto busca discutir la importancia de localizar el desarrollo de las actividades y discutir cómo las movilizaciones, actividades de convocatoria para la inscripción en los Hackerclubes, son más que una forma de promover el proyecto y terminan por ofrecer a los jóvenes un espacio de primer contacto con la educación STEAM, incentivando su desarrollo y mostrando que otra enseñanza es posible
El contexto de las actividades
Casa Hacker actúa desde hace muchos años en el desarrollo de iniciativas dirigidas a comunidades periféricas, ofreciendo un espacio donde las desigualdades sociales pueden ser cuestionadas y sorteadas con innovación y protagonismo. El proyecto Hackerclubes es una de esas iniciativas: vamos hasta escuelas de áreas periféricas del interior de São Paulo y ofrecemos vivencias en tecnología para jóvenes. En ese proceso discutimos principalmente sobre seguridad digital, impresión 3D, programación, electrónica y ciudadanía.
Soy una de las profesoras STEAM del proyecto Hackerclubes desde mediados de abril de este año, actuando en dupla en una escuela estadual de Sumaré. En ese proceso, terminé encontrándome con un grupo ya en marcha y con todos los desafíos que ese cambio trajo, para mí y para los adolescentes. Ya había tenido experiencias anteriores con la enseñanza de arte y tecnología en espacios no formales, pero ninguna me dio la oportunidad de entrar en un espacio formal como la escuela de enseñanza básica con una propuesta diferente de enseñanza. En ese proceso entendí que enseñar tecnología y mostrar posibilidades para el futuro de los jóvenes también implica entender el territorio que los rodea y cuáles son sus dinámicas.
El STEAM y su territorialización
Cuando hablamos e investigamos sobre la metodología STEAM, frecuentemente encontramos ideas y actividades desarrolladas para funcionar solo en ambientes altamente equipados y aislados de la realidad social. Territorializar el STEAM significa deconstruir esa visión utópica y entender que la innovación sucede cuando integramos la tecnología, dentro de sus posibilidades, con la vida real de los jóvenes. En una escuela estadual periférica, enseñar tecnología no es apenas enseñar conceptos técnicos, sino traducir los conocimientos y adecuarse a la realidad de aquella comunidad. Eso no quiere decir que debamos conformarnos o limitar nuestras actividades, sino que es preciso entender el contexto en el que estamos para mostrar las diversas posibilidades que la tecnología nos ofrece.
Ese proceso de territorialización exige que la enseñanza sea construida con los estudiantes, de forma receptiva, reconociendo de qué modo las tecnologías ya atraviesan la vida de esos jóvenes. Nuestro papel como educadoras es escuchar y entender cómo crear puentes entre los conocimientos que ellos ya tienen y las herramientas necesarias para que sean protagonistas en el proceso de aprendizaje STEAM.

Taller de movilización en Sumaré
La movilización en la práctica
Es a partir de esa perspectiva que la movilización se vuelve una etapa pedagógica en sí misma, y no un mero acto de divulgación. Este semestre viví mi primera movilización, el momento en que vamos hasta la escuela e invitamos a los alumnos a participar de un taller corto que involucra conocimientos que serán profundizados durante el semestre en los Hackerclubes. Durante la actividad presentamos el proyecto, hablamos sobre la actuación de Casa Hacker, contamos sobre lo que los compañeros que ya participaron desarrollaron durante su participación e invitamos a los presentes a realizar la inscripción para el próximo grupo.
Pensando en la necesidad de una actividad lúdica que llamara la atención, tuviera una duración más corta y pudiera ser desarrollada sin internet (pensando en cuestiones de estructura de la escuela), llevamos a la escuela una actividad con broches de ropa de madera, LED y batería, en la que los propios estudiantes montaron un circuito en el que, al apretar el broche, una corriente se cerraba y el LED se encendía.
El proceso fue desafiante para los grupos, pero conseguimos apoyar a los jóvenes en el proceso y todas las duplas participantes salieron con el circuito funcionando. La actividad también termina mostrando a los jóvenes que muchas veces el proceso de aprender es frustrante, pero que estamos juntos en ese camino, y que el aprendizaje sobre tecnología es posible (y divertido, también). Para aprovechar la animación del taller, pusimos computadoras a disposición para que los jóvenes pudieran realizar la inscripción al proyecto, pero percibimos otra cuestión: muchos de los adolescentes, aun con edades en torno a los 14 y 15 años, ya trabajan en el contraturno. En esas situaciones en que las ganas de aprender chocan con la necesidad del trabajo, nos ofrecemos a quedar a disposición los días en que estamos en la escuela e incentivar que busquen una oportunidad futura para ser alumnos del proyecto.

Taller de movilización en Sumaré
Posibilidades y futuros posibles
Muchos de esos adolescentes ya asumen responsabilidades de adultos, dividiendo la rutina escolar con empleo informal, joven aprendiz y/o cuidado de la casa y de los hermanos. Es muy frustrante ver a un joven querer acceder al proyecto y verse impedido por la necesidad inmediata de sobrevivencia. Esa situación muestra que la desigualdad es muy profunda y todavía necesita mucho trabajo colectivo para ser vencida.
Traer los Hackerclubes a la red pública de enseñanza termina siendo un ejercicio constante de equilibrio entre el descubrimiento y la conciencia de las limitaciones impuestas por el territorio. Incluso para aquellos que no pudieron matricularse debido a las limitaciones de la rutina, esa experiencia de la movilización no se perdió: puede haberse convertido en la comprensión de ser capaz de crear con tecnología. La enseñanza STEAM en contextos localizados cumple su papel cuando muestra a los jóvenes de la periferia que el futuro tecnológico no debe ser un privilegio de pocos, sino un derecho que también les pertenece.